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Dende 1973 estudiando, divulgando e defendendo o patrimonio natural galego

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TRANSFORMACIONES DEL SISTEMA HIDROLÓGICO DE A LIMIA EN LA ACTUALIDAD

La desecación de Antela fue el primer paso de una profunda transformación hidrológica de toda la llanura de A Limia, que se enmarca entre los grandes proyectos de ingeniería hidráulica para el control de las inundaciones y el drenaje del suelo para su utilización en la agricultura que comenzaron en Europa a mediados del siglo XIX y en España en los años 1950-60 (Hey y Heritage, 1993; Schnitzer-Lenoble y Carbiener, 1993; González Tánago y García de Jalón, 1995). Basados en el uso intensivo del recurso agua y de los terrenos próximos a los cauces, dichos proyectos contemplan trabajos de canalización, rectificación y dragados de los cauces por procedimientos más o menos "duros", junto con programas de regadío que necesitan la construcción de numerosas presas, canales y trasvases.

Las obras de ingeniería fluvial en A Limia afectan en la actualidad no sólo a los principales ríos sino también a los pequeños cursos de agua, en un afán de llevar hasta el máximo posible un desarrollo económico basado en las disponibilidades del agua a costa del deterioro de los restantes valores que ofrecen los ecosistemas acuáticos.

Con las canalizaciones, dragados y obras de defensa contra las inundaciones se trató de aumentar la capacidad hidraúlica del cauce para facilitar el desagüe de las crecidas, aumentando el ratio hidraúlico y la pendiente del cauce, y disminuyendo su rugosidad.

En el proceso de transformación hidrológica de A Limia se emplearon todos los tipos de obras considerados por Brookes (1985) para efectuar la canalización de los ríos:

  • Ensanchamiento, profundización y rectificación del cauce, diseñando un río completamente diferente del inicial, en ocasiones trasladado sobre el valle en los ríos Limia, Faramontaos, Fírbeda, Nocedo y Vidueiro, y siempre con mayor pendiente al disminuir la longitud recorrida por el río entre dos puntos.
  • Limpieza y dragado de cauces, lo que implica la extracción de arena y la eliminación de los arbustos, troncos y cualquier otro tipo de vegetación o obstáculo existente en el cauce o en las orillas que dificulte el paso de las aguas y el desagüe de las crecidas, lo que determinó una disminución drástica de la rugosidad del cauce.
  • Construcción de motas de arena o estructuras longitudinales al cauce, sobre todo en el río Limia aguas abajo de la confluencia del emisario de Antela, que aumentaron su altura y su capacidad durante las crecidas.
  • Estabilización de las orilla en el emisario de Antela y algunos de los canales secundarios.

El ansia de poner en cultivo hasta la última hectárea de tierra, ignorando conscientemente la microtopografía de la zona inundable, condujo a una red de drenajes muy estrechos y excesivamente profundos para desecar, apenas durante unos meses al año, incluso las zonas más bajas y fácilmente encharcables en las cuales, pese a todo, los cultivos a menudo fracasan o proporcionan parcas cosechas por problemas relacionados con el encharcamiento (asfixia de las raíces, déficits o desequilibrios en el suministro de nutrientes, enfermedade fúngicas, etc.), que, además, provoca el deterioro acelerado de pistas y carreteras. Y todo ello a costa de que en la mayor parte de la llanura la capa freática en el estío esté a 1,5-2,5 m de la superficie, con el consiguiente déficit hídrico para las plantas cultivadas en los suelos muy arenosos y con muy baja capacidad de almacenamiento de las aguas pluviales, característicos de buena parte de la llanura limiana (González y Villarino, 2001, 2003).

También con el objetivo de maximizar la tierra cultivable, se optó por un sistema de drenajes demasiado estrechos que, pese a su profundidad, es insuficiente para desaguar las precipitaciones de las invernías (repitiéndose anualmente las inundaciones más o menos extensas) pero que, por su profundidad, impone un desmesurado descenso estival de la capa freática, lejos del alcance de las raíces de los cultivos (González y Villarino, 2001, 2003).

Fotografía: Panorámica de la inundación de Antela el 09-12-2000, unas 20-24 horas después de la "cresta de la crecida" o máxima inundación, tomada desde la torre de A Pena. En la imagen, la lámina de agua principal en primer plano tiene unas 750-800 ha de superficie (con unas dimensiones máximas de 4,6 km de longitud x 2,1 km de anchura) y está situada en la margen izquierda del canal principal de drenaje. Hay además un rosario de encharcamientos periféricos, el mayor de los cuales, en la margen derecha del canal principal de drenaje (en el centro de la imagen al fondo) tiene unas 150-160 ha de superficie. Inundaciones más o menos semejantes se producen cada vez que se encadenan varias borrascas fuertes y sucesivas del S-SO..

Las consecuencias de las obras hidráulicas en A Limia, como en otras zonas con el mismo manejo hidrológico (Keller y Brookes, 1984), fueron un aumento de la velocidad de las aguas, de los caudales punta y de la tensión de arrastre ejercida sobre el perímetro del cauce, creándose un problema de erosión del lecho que se transmite a las orillas, provocando su inestabilidad y un incipiente ensanchamiento de los cauces. El aporte lateral de sedimentos, agravado por la eliminación de la vegetación arbórea y arbustiva en las zonas transformadas por la concentración parcelaria, supera generalmente la capacidad de transporte de los caudales, provocando la sedimentación o deposición de los mismos en secciones más o menos próximas, aguas abajo de donde proceden... y dando origen a continuas peticiones de dragado de los canales (González y Villarino, 2001, 2003).

Las obras hidráulicas, con su red de canales estrechos, profundos y rectilíneos ha desencadenado un proceso casi generalizado de incisión de cauces, favorecido por el lecho arenoso, lo cual ha provocado un descenso aún mayor de la capa freática durante el estiaje que comienza a amenazar a las propias obras hidráulicas, con la erosión de las orillas de los canales y el descalzamiento incipiente de los estribos de puentes, tajeas y compuertas. Estos daños, que pueden llegar a arruinar las propias obras hidráulicas, como se puso en evidencia reiteradamente en la historia de la ingeniería fluvial (Harvey y Watson, 1986; Chang, 1988), se han visto agravados por los propios errores constructivos, pues las confluencias de los canales son a menudo perpendiculares e incluso el río de Trasmiras fue desviado con curvas en ángulo recto intercaladas en tramos rectilíneos (González e Villarino, 2001, 2003).

Fotografías: Descalzamiento de tajea (izda) y vista aérea del Río de Trasmiras (dcha) obtenida del Sistema de Identificación de Parcelas Agrícolas, del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (http://sigpac.mapa.es/fega/visor) en la que, para facilitar su identificación, se ha resaltado en azul el trazado del río tras su canalización.
Con las canalizaciones descendieron el lecho de los cauces fluviales y las zonas de saturación en toda la llanura de inundación limiana. Esto perturbó el funcionamiento hidrológico de la llanura (Gordon et al., 1992) y bajó el nivel de agua lejos de la zona prospectada por las raíces. Éste es el origen de la sequedad estival creciente en A Limia, que se ve agravada por la eliminación de los setos, arbolados y arbustivos, y la excesiva extracción de agua para regadío de los cultivos hasta provocar un descenso dramático de los niveles freáticos en toda la llanura limiana, en la que los principales cursos fluviales secan regularmente en el verano desde el año 2000 (González y Villarino, 2001, 2003).

Fotografías: Motores para riego captando agua del río Limia (izda) y riego por aspersión en la llanura de Antela, que encharca también la carretera (dcha).

Fotografías: Tuberías para captación de agua en el canal principal de Antela (izda) y río Limia completamente seco a su paso por Xinzo de Limia (dcha).